En eso se les iba la vida, hasta que una mañana los dos mendigos, -ya cansados de tanto desgaste- iniciaron un diálogo diferente.
-¿Y usted cómo anda? -saludó el ciego al cojo.
-Tal como usted ve -respondió el cojo.
Y así, de a poquito la relación se fue haciendo más llevadera, el cojo fue olvidando su mala pata y el ciego empezó a hablar con altura de miras...
Un día, estando en silencio, escucharon, el agua del río que pasaba a unas pocas cuadras de allí.
Por primera vez se percataron que ambos tenían un sueño en común, llegar hasta la orilla para oír de cerca la música del agua.
-Si sólo pudiéramos trasladarnos hasta el río por nosotros mismos y no estar siempre dependiendo de los demás -dijo el cojo.
Apenas escuchó esto algo sucedió en el alma del ciego, sintió que un fuerte cambio le ocurría y poco a poco fueron y simpatizando más y más.
Hasta que sin darse cuenta, imaginaron que iban a mendigar a la orilla del río... y que ahí escuchaban correr el agua... y sentían como las gotas los salpicaban y entusiasmados empezaron a soñar
Y en corto tiempo lograron cambiar aquellos paradigmas que los habían oprimido durante toda la vida y entraron a los espacios de la confianza, de las alianzas y de la abundancia.
Y así fue que un miércoles del mes de marzo, el cojo montó en los hombros del ciego y con la vista certera del primero y las fornidas piernas del segundo llegaron rápidamente a la orilla del río donde se instalaron con un nuevo negocio que resultó muy exitoso así que al cabo de un tiempo comenzaron a soñar con un viaje alrededor del mundo.
Todos los seres vivos de este planeta, tanto los vegetales como los animales, nos desarrollamos conjunta y simultáneamente desde que nacemos... qué quiero decir, que “hay para todos”, no necesitamos quitarle al otro... y por el contrario, quizás lo que estamos necesitando con más fervor es precisamente a ese otro para que sea nuestro aliado para enfrentar el mundo que se nos viene encima.
Tal como nos indican las grandes leyes de la naturaleza y de la arquitectura universal.
Hemos sido criados y educados en la mentalidad de la escasez, la economía es eso, la ciencia que emerge por la escasez de recursos frente a necesidades que nunca paran... y no paran quizás por una suerte de profecía auto cumplida... el pánico generado por el criterio de la escasez da origen al paradigma que si yo gano, tú pierdes... o tú o yo... te arruino en defensa propia.
Sin embargo la vida persiste por encima de la depredación y el extravío con que estamos devastando el planeta, y esta fuerza se sustenta en la mentalidad de la abundancia, su apuesta es a “que alcanza para todos”.
Ganar no es derrotar. Comprender esto es la clave. Lo que yo quiero no te perjudica, hay para todos, para ti y para mí y además para él y para ella con sus familias... podemos ganar todos... seamos abundantes.
No quiero competir contigo, no quiero ganarte, lo que quiero es “ganar contigo”... estamos del mismo lado y uniéndonos podemos producir más que separados y ese diferencial lo iremos repartiendo cada vez mejor y más equitativamente... probemos, abrámonos a un nuevo aprendizaje... construyamos alianzas... formemos equipo, ganemos juntos...
Sube a nacer conmigo, hermano...
Miguel Ferrer
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